viernes, 9 de abril de 2010

Blue Rodeo “The Things We Left Behind”

Hay discos que llaman la atención desde la misma portada y es que el sol que ilumina la radiante foto de “The Things We Left Behind” no lleva a engaños: Cuánta vitalidad. Para quienes no conozcan la hermandad vocal que Jim Cuddy y Greg Keelor tienen a bien regentar, veinticinco años juntos les contempla y bienvenidos sean si han de seguir a este nivel. Así, según qué influencias quedan en cuarentena al escuchar este nuevo clásico: comparados con los Jayhawks, no es arriesgado ligarles un poco más al sonido de los Eagles en lo melódico y es que sus increíbles harmonías vocales, presentes en temas tan vitales como “Sheba”, harán despertar al alma aletargada por el frío. Sí, hay coros a lo Olson/Louris, incluso a Byrds; sin embargo es más apetitosa la sensación de tener ante nuestros oídos una suerte de “Exile On Main St” desintoxicado, con la presencia de excelentes evocaciones a los Stones más post-Gram Parsons.

Con dieciséis temas repartidos en dos cd’s -en un tributo a los vinilos de los 70’s tanto por la duración y sonido como por el diseño- el doble abre con un majestuoso “All The Things That Are Left Behind” cercano al country rock que tan bien se produce en Canadá. En esta primera mitad, las melodías son disfrutables, accesibles, radiables, de concisos arreglos acústicos y presentes pianos. “One More Night”, “Waiting for The World”, “Never Look Back” y “Sheba” cierran el primer bloque de gemas dejando un nivel francamente alto. Con “One Light Left In Heaven” se dan el primer respiro para dar paso al soberbio “Million Miles” con un zeppeliniano tono y reminiscencias a Buffalo Springfield. En la segunda mitad el tándem suelta riendas con “Don’t Let the Darkness In Your Head”, otro medio tiempo con imperecederos coros arropados por un piano que trae de nuevo a la memoria al gran disco de los Stones para acto seguido, encontrar en “Arizona Dust”, paradójicamente, su “Dead Flowers” particular. “Candice” y “Wasted” son los temas probablemente menos reconocidos del disco y “You Said” supone el segundo respiro que inicia el ocaso, con los ecos más cercanos al tío Neil, para tener en “Venus Rising” el épico y triunfante punto y final.

Es, sin duda el mejor disco de Blue Rodeo; un brillante modo de perpetuar la música tradicional como concepto artístico más allá de los nuevos formatos de reproducción tan en las antípodas del vinilo. “The Things We Left Behind” invita en estos días de Primavera a perderse conduciendo por cualquier soleada carretera secundaria llena de arboledas. Sí, ya hay banda sonora para el buen tiempo.

Drive-by Truckers “The Big-to-Do”

Estamos viviendo años dorados para Drive-by Truckers. “The Big-to-Do” lo corrobora y demuestra de nuevo su incansable creatividad. La banda ha cambiado de discográfica para lanzar la enésima joya y han facturado su disco más directo y accesible desde “The Dirty South” sin bajar un peldaño en la escalera de la calidad, lo cual supone su mejor tarjeta de presentación a las audiencias de todo el orbe. Estamos ante el momento más puramente rockero de la banda a lo largo de su carrera -y van nueve discos en trece años- con un claro punto de separación entre éste y su anterior disco. Las ya clásicas, concisas estructuras country e imprescindibles riffs marca de la factoría Hood nos traen bellas historias de perdedores inadaptados que ilustran los pasajes de “The Big-to-Do” con su añejo y reconocible sonido, tan familiar como la vieja historia que nos contaban nuestros mayores y que jamás nos cansábamos de oír. En un grupo cuya máxima es “song is King”, Hood y Mike Cooley siguen gobernando la nave DBT cuando toca componer, si bien Shonna Tucker ha contribuido con dos excelentes temas. En términos generales, los trece cortes (catorce en vinilo) ponen a la banda en la carretera que les sirve de hogar hoy día más que nunca para enfrentarse a este mundo hostil y “The Big-to-Do” ofrece una suerte de testimonio musicado de su experiencia vital.

“Daddy Learned To Fly” abre fuego poderosamente demostrando el buen estado de forma de los georgianos, con toda la intensidad y emotiva distorsión que se espera de ellos. Hits atemporales como “The Fourth Night Of My Drinking” o “Drag The Lake, Charlie” (mi tema favorito hasta el momento, puro Petty), el hipnótico sincopado de “The Wig He Made Me Wear” y “You Got Another” interpretada a la voz por Tucker cierran la primera parte del disco para darle un giro virtual al antaño LP y reanudar la marcha con todo un hit-single como “This Fucking Job”. “After the Scene Dies” es una maravilla de himno, una muestra ejemplar que define su característico sonido. “(It’s Gonna Be) / I Told You So” es un pegadizo ejercicio de pop de raíces sureñas con Shonna a la voz una vez más, seguido por un bello medio tiempo, “Santa Fe”. “The Flying Wallendas”, con un in crescendo final al piano que funde la electricidad en un mar de calma, sirve de fin de fiesta para acabar a solas al son de “Eyes Like Glue”, disfrutando del último trago y deseando repetir la escucha de esta nueva maravilla.

Es en definitiva otro disco perfecto de estos nómadas constantes, verdaderos pertenecientes a la clase trabajadora del Rock cuyas andanzas no dudaremos a seguir cada vez que se acerquen al resto de humanos, sea en forma de disco o en directo.