Hay discos que llaman la atención desde la misma portada y es que el sol que ilumina la radiante foto de “The Things We Left Behind” no lleva a engaños: Cuánta vitalidad. Para quienes no conozcan la hermandad vocal que Jim Cuddy y Greg Keelor tienen a bien regentar, veinticinco años juntos les contempla y bienvenidos sean si han de seguir a este nivel. Así, según qué influencias quedan en cuarentena al escuchar este nuevo clásico: comparados con los Jayhawks, no es arriesgado ligarles un poco más al sonido de los Eagles en lo melódico y es que sus increíbles harmonías vocales, presentes en temas tan vitales como “Sheba”, harán despertar al alma aletargada por el frío. Sí, hay coros a lo Olson/Louris, incluso a Byrds; sin embargo es más apetitosa la sensación de tener ante nuestros oídos una suerte de “Exile On Main St” desintoxicado, con la presencia de excelentes evocaciones a los Stones más post-Gram Parsons.
Con dieciséis temas repartidos en dos cd’s -en un tributo a los vinilos de los 70’s tanto por la duración y sonido como por el diseño- el doble abre con un majestuoso “All The Things That Are Left Behind” cercano al country rock que tan bien se produce en Canadá. En esta primera mitad, las melodías son disfrutables, accesibles, radiables, de concisos arreglos acústicos y presentes pianos. “One More Night”, “Waiting for The World”, “Never Look Back” y “Sheba” cierran el primer bloque de gemas dejando un nivel francamente alto. Con “One Light Left In Heaven” se dan el primer respiro para dar paso al soberbio “Million Miles” con un zeppeliniano tono y reminiscencias a Buffalo Springfield. En la segunda mitad el tándem suelta riendas con “Don’t Let the Darkness In Your Head”, otro medio tiempo con imperecederos coros arropados por un piano que trae de nuevo a la memoria al gran disco de los Stones para acto seguido, encontrar en “Arizona Dust”, paradójicamente, su “Dead Flowers” particular. “Candice” y “Wasted” son los temas probablemente menos reconocidos del disco y “You Said” supone el segundo respiro que inicia el ocaso, con los ecos más cercanos al tío Neil, para tener en “Venus Rising” el épico y triunfante punto y final.
Es, sin duda el mejor disco de Blue Rodeo; un brillante modo de perpetuar la música tradicional como concepto artístico más allá de los nuevos formatos de reproducción tan en las antípodas del vinilo. “The Things We Left Behind” invita en estos días de Primavera a perderse conduciendo por cualquier soleada carretera secundaria llena de arboledas. Sí, ya hay banda sonora para el buen tiempo.
Gran disco este de los Blue Rodeo, los he descubierto con este disco... un buen catálogo de rock y americana.
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