viernes, 9 de abril de 2010

Blue Rodeo “The Things We Left Behind”

Hay discos que llaman la atención desde la misma portada y es que el sol que ilumina la radiante foto de “The Things We Left Behind” no lleva a engaños: Cuánta vitalidad. Para quienes no conozcan la hermandad vocal que Jim Cuddy y Greg Keelor tienen a bien regentar, veinticinco años juntos les contempla y bienvenidos sean si han de seguir a este nivel. Así, según qué influencias quedan en cuarentena al escuchar este nuevo clásico: comparados con los Jayhawks, no es arriesgado ligarles un poco más al sonido de los Eagles en lo melódico y es que sus increíbles harmonías vocales, presentes en temas tan vitales como “Sheba”, harán despertar al alma aletargada por el frío. Sí, hay coros a lo Olson/Louris, incluso a Byrds; sin embargo es más apetitosa la sensación de tener ante nuestros oídos una suerte de “Exile On Main St” desintoxicado, con la presencia de excelentes evocaciones a los Stones más post-Gram Parsons.

Con dieciséis temas repartidos en dos cd’s -en un tributo a los vinilos de los 70’s tanto por la duración y sonido como por el diseño- el doble abre con un majestuoso “All The Things That Are Left Behind” cercano al country rock que tan bien se produce en Canadá. En esta primera mitad, las melodías son disfrutables, accesibles, radiables, de concisos arreglos acústicos y presentes pianos. “One More Night”, “Waiting for The World”, “Never Look Back” y “Sheba” cierran el primer bloque de gemas dejando un nivel francamente alto. Con “One Light Left In Heaven” se dan el primer respiro para dar paso al soberbio “Million Miles” con un zeppeliniano tono y reminiscencias a Buffalo Springfield. En la segunda mitad el tándem suelta riendas con “Don’t Let the Darkness In Your Head”, otro medio tiempo con imperecederos coros arropados por un piano que trae de nuevo a la memoria al gran disco de los Stones para acto seguido, encontrar en “Arizona Dust”, paradójicamente, su “Dead Flowers” particular. “Candice” y “Wasted” son los temas probablemente menos reconocidos del disco y “You Said” supone el segundo respiro que inicia el ocaso, con los ecos más cercanos al tío Neil, para tener en “Venus Rising” el épico y triunfante punto y final.

Es, sin duda el mejor disco de Blue Rodeo; un brillante modo de perpetuar la música tradicional como concepto artístico más allá de los nuevos formatos de reproducción tan en las antípodas del vinilo. “The Things We Left Behind” invita en estos días de Primavera a perderse conduciendo por cualquier soleada carretera secundaria llena de arboledas. Sí, ya hay banda sonora para el buen tiempo.

Drive-by Truckers “The Big-to-Do”

Estamos viviendo años dorados para Drive-by Truckers. “The Big-to-Do” lo corrobora y demuestra de nuevo su incansable creatividad. La banda ha cambiado de discográfica para lanzar la enésima joya y han facturado su disco más directo y accesible desde “The Dirty South” sin bajar un peldaño en la escalera de la calidad, lo cual supone su mejor tarjeta de presentación a las audiencias de todo el orbe. Estamos ante el momento más puramente rockero de la banda a lo largo de su carrera -y van nueve discos en trece años- con un claro punto de separación entre éste y su anterior disco. Las ya clásicas, concisas estructuras country e imprescindibles riffs marca de la factoría Hood nos traen bellas historias de perdedores inadaptados que ilustran los pasajes de “The Big-to-Do” con su añejo y reconocible sonido, tan familiar como la vieja historia que nos contaban nuestros mayores y que jamás nos cansábamos de oír. En un grupo cuya máxima es “song is King”, Hood y Mike Cooley siguen gobernando la nave DBT cuando toca componer, si bien Shonna Tucker ha contribuido con dos excelentes temas. En términos generales, los trece cortes (catorce en vinilo) ponen a la banda en la carretera que les sirve de hogar hoy día más que nunca para enfrentarse a este mundo hostil y “The Big-to-Do” ofrece una suerte de testimonio musicado de su experiencia vital.

“Daddy Learned To Fly” abre fuego poderosamente demostrando el buen estado de forma de los georgianos, con toda la intensidad y emotiva distorsión que se espera de ellos. Hits atemporales como “The Fourth Night Of My Drinking” o “Drag The Lake, Charlie” (mi tema favorito hasta el momento, puro Petty), el hipnótico sincopado de “The Wig He Made Me Wear” y “You Got Another” interpretada a la voz por Tucker cierran la primera parte del disco para darle un giro virtual al antaño LP y reanudar la marcha con todo un hit-single como “This Fucking Job”. “After the Scene Dies” es una maravilla de himno, una muestra ejemplar que define su característico sonido. “(It’s Gonna Be) / I Told You So” es un pegadizo ejercicio de pop de raíces sureñas con Shonna a la voz una vez más, seguido por un bello medio tiempo, “Santa Fe”. “The Flying Wallendas”, con un in crescendo final al piano que funde la electricidad en un mar de calma, sirve de fin de fiesta para acabar a solas al son de “Eyes Like Glue”, disfrutando del último trago y deseando repetir la escucha de esta nueva maravilla.

Es en definitiva otro disco perfecto de estos nómadas constantes, verdaderos pertenecientes a la clase trabajadora del Rock cuyas andanzas no dudaremos a seguir cada vez que se acerquen al resto de humanos, sea en forma de disco o en directo.

sábado, 20 de marzo de 2010

Chris Isaak - Forever Blue

¿Habéis amado alguna vez? Y ¿Habéis tenido la certeza de haberlo estropeado todo irremisiblemente?
Al parecer, Chris Isaak sí. Tras tantos años desde la publicación de "Forever Blue" se puede afirmar sin miedo al ridículo que la hermosa tristeza y melancolía que rebosan en cada segundo que transcurre de principio a fin de ese disco hacen de él la mejor obra jamás firmada por el hombre del tupé.
Muy mal lo tuvo que pasar Chris por aquellas fechas anteriores a su gestación. Lamenté desde lo personal que un tipo con su carisma y clase viviera eso, pero artísticamente parió una obra de arte que no pertenece a ningún estilo, correiente o década de la música del siglo pasado. "Forever Blue" es una obra maestra intemporal, el álbum que todo músico y compositor querría tener entre sus creaciones. Admirable. Si estás vivo has de adentrarte en sus notas, debes escucharlo. La inmersión es dolorosa, terriblemente otoñal, pero para nada caduca.
Un aviso: hay que armarse de valor porque la experiencia puede ser demasiado dura.
Trece cortes divididos espiritualmente en dos bloques iguales de seis temas cada una y una pieza central que marca el punto de inflexión. Chris Isaak te lleva cuesta abajo al infierno de su dolor para culminar en la pieza que da título al disco, mi favorita. Nuca algo tan simple como decir "triste para siempre/porque le amas/pero ella a ti no" sonó tan terriblemente desgarrador. Es en "Forever Blue" -la canción- cuando el protagonista toca fondo y su dolor supera ese umbral para llegar a morir; la realidad cristaliza en un hecho: "Noy hay motivo por el que vivir/Por mucho que haya que hacer/Nuevas lágrimas que derramar/Viejas canciones que cantar/Y estar triste por siempre jamás". Es definitivo: Ella no va a volver.
Y no muere uno. Es peor aún. Vivir el desengaño de un amor que se creyó para siempre y sufrir la tristeza de esa ausencia, el desprenderse lentamente de todo para quedarte triste para siempre, no es tarea fácil. Y, como tal, la densidad del azul oscuro que todo lo atrapa cuando se siente ese horroroso infierno de frío no deja insensible. Ese amor parte para siempre, te cambia cuando ya no está y todo son reminiscencias de lo que un día estuvo tan vivo justo donde ahora sólo hay sombras. Los recuerdos de un espejo que una vez reflejó amor y ahora sólo es un espejo vacío.
Definitivamente, hay que tener valor para escucharlo. Escucharlo, he dicho. Nada de dejar que suene mientras... "Forever Blue" no se comparte con nada. Uno se detiene a escucharlo; hay que escucharlo.
Hace mucho ya que las hojas azules lucen vivas en el árbol de Chris. Trece hojas que no se secaron para estar, por siempre jamás, tristes.
Forever Blue...

Rod Stewart - The Rod Stewart Sessions 1971-1998

Ahora que Warner se ve obligada a aguantar el tirón de la crisis sumergiéndose en las toneladas de valiosos archivos y ha decidido dar rentabilidad a los archivos de Rod Stewart mediante reediciones de toda su discografía tanto con los Faces como en solitario, llega el turno de dar forma a la caja recopilatoria que completa el legado que se abrió con “Five Guys Walk Into a Bar”.

De entrada, es de recomendar a todos los listísimos snobs que consideran a Rod Stewart poco más que una broma de mal gusto, un hype de los tardíos 60’s, un gipsy con poca gracia y un plus de arrogancia insoportable cuyo resultado es un “lo que pudo ser y nunca fue”, que huyan de aquí, porque no van a encontrar espíritu de crítica y reproche y sí exceso de todas las cualidades descritas. Esto no son las Anthology Sessions de los Beatles (ni falta que hace); hablamos de Rod Stewart, así que sus fans –vía Faces o en solitario-, bienvenidos sean, pues encontrarán justo lo que se espera.
Dejado bien claro por dónde va la vara de medir, ¿qué se puede esperar de los 68 cortes de las “Rod Stewart Sessions”? Ya existen bastantes recopilaciones de su trayectoria como para que aquí nos unamos a la fiesta que supone meterse en el estudio de grabación y sentarnos en un rincón a observar a Rod en un seguido de tomas alternativas y tempranas de lo esencial e imprescindible de su carrera, demostrando el proceso creativo de temas que podían haber corrido mejor suerte que la que apuntaban en lo que se ha podido apreciar tras varias escuchas.
Las fechas dejan claras qué queda fuera del repertorio; a partir de ahí, uno se decanta por la calidad de los dos primeros discos de la colección pues con sus early versions o alternates de la sempiterna “Maggie Mae”o de “I’d Rather Go Blind”, “Girl From The North Country”, “Sailing” o “Tonight’s the Night” el nivel está justo donde se espera. Oír a Rod cantar a solas con una acústica “You’re In My Heart”, o degustar una bella “The First Cut Is the Deepest”, o “Forever Young” con Rod sentado a solas en el piano, e incluso una bonita “The Great Pretender” justifica lo desembolsado. Es el tercer volumen el que -intentando ser objetivos- queda por debajo del resto (algunas producciones de los 80’s hicieron demasiado daño a temas que aquí aparecen fortalecidos, no obstante, en versiones menos cargadas) ; sin embargo, contiene un “In My Life” que justifica por sí sola el pasar por los momentos menos afortunados. En el disco que cierra la colección uno encuentra con nuevas sorpresas: un compendio de temas nuevos y desconocidos de la penúltima etapa de Rod que demuestran que la calidad sigue ahí. “In A Broken Dream” une a David Gilmour, John Paul Jones, Nick Lowe, Pete Thomas y Rod Stewart en una memorable vuelta a los años de gloria. “May You Never”, por su parte, es una preciosa composición desnuda de cualquier arreglo más allá de la guitarra que da la base a la característica voz de Rod, haciendo sentir la emoción en la garganta.
Efectivamente, hay distintos motivos que llevan a considerar la inversión en este boxset como amortizada. Rod Stewart seguirá siendo un peso pesado de esto del Rock, entendido con mayúsculas, como entretenimiento. Y es que hay gente que nace mayor pero siguen quedando jóvenes de sesenta y tantos. Larga vida a Rod.

Brandi Carlile - XOBC

Para el día del amor Brandi Carlile tuvo a bien compartir con sus fans un pequeño divertimento que sin pretender nada en especial, se ha ganado su presencia en la sección de este mes. Son cinco temas, tres propios y dos versiones que siguen la marca patente de la factoría Carlile y sus gemelos acompañantes. Guitarras acústicas y unas ganas de hacer partícipe al mundo entero de que se lo está pasando en grande con la experiencia profesional que nos la dio a conocer. El único pero es que sólo está accesible vía iTunes pero de otro modo y con lo difícil que es publicar música hoy día hubiera sido difícil ver cómo “XOBC” veía la luz.
Un acertadísimo “All You Need is Love” que hará las delicias de más de uno a un lado y otro de este pequeño rincón del universo contagia del entusiasmo de la canadiense e invita a entregarse al amor como promulgaba Lennon en su día; no es sino una correctísima versión fiel a la fuente original. “Love Songs” sienta a Brandi al piano con un inicio que recuerda más de lo casual a “Lucy In the Sky With Diamonds” de los fab four que evoluciona a un estándar marca de la casa, acompañada a los coros y un cello de fondo que hace cuestionarse cómo no entró esto en su reciente “Give Up the Ghost”. “Way to You” es una reposada y bonita composición al uso del propósito del EP y “Us Again” es un breve y efectivo corte de acentuado patrón country. El fin de fiesta nos lleva a cerrar el buen rato proporcionado por la compatriota de Neil Young con una versión de otro paisano, Brian Adams, de cuando no sólo no se arrastraba por la comercialidad vacía y se le veía como el Springsteen al otro lado de las cataratas del Niágara. El tema escogido es “Heaven” y la joven cantante y compositora lo lleva a su terreno perfectamente, recordando que el presente pop en su país lo marca ella y no Adams.
Que tome nota y deje paso a Brandi Carlile porque ella nos lo hace pasar mucho mejor. Y, qué demonios, hoy día nos gusta mucho más.

Grant-Lee Phillips - Little Moon

Cuando Grant-Lee Phillips siguió en solitario con su carrera después de Grant-Lee Buffalo demostró su querencia a los medios de composición más tradicionales. De esta guisa vuelve tras “Strangelet” (2007) con el excelente puñado de temas que conforman en “Little Moon” una perfecta continuación sonora y una excusa más que justificada para cargarse su guitarra a la espalda y echarse a la carretera… O a la calle, cual trovador en Star Hollow.
El viaje a la introspección y la geografía interior en la que perderse para reencontrarse con las esencias y cuya banda sonora se ha vinculado históricamente a nombres tan grandotes como Petty, Young, Earle o Louris&Olson empieza a pedir una oportunidad para el hombre de la acústica de doce cuerdas después de casi seis discos a lo largo de la pasada década; así de empeñado está en demostrar, con su perseverante calidad, que sabe de qué va esto del sonido americano.
Su tan efectiva combinación de bien terminadas melodías vocales (Grant-Lee conoce muy bien todos los rincones de su voz y es probablemente el instrumento que mejor domina), de cadencias de lo más arraigadas a la imaginería popular, junto a arreglos de piano, guitarras y demás instrumentos de cuerda, probablemente no descubrirá a los escépticos nada nuevo bajo el sol y, sin embargo, no hay ni pizca que sobre de este “Little Moon”.
El californiano –a quien la rumorología le une recientemente al líder de los Jayhwawks en los estudios de grabación- vuelve a cultivar todos los registros estilísticos que se disfrutaban a cuentagotas en su rol esporádico de músico callejero oficial en Gilmore Girls (“Good Morning Happiness” así suena), y tras un “Strangest Thing” que ya lo hubiera querido Louris para el “Sound Of Lies” se divierte susurrando en el tema que titula este larga duración. “I Ain’t The Same Old Cold War Harry” es el tema que Paul McCartney compondría con Blind Melon en un viaje lisérgico, “Seal With A Kiss” es un perfecto y merecido sucesor del mejor sonido Petty de los 90’s, hay incluso reminiscencias a Orbison en “Nightbirds”… Sí, Phillips sabe lo que hace cuando se trata de componer, manteniendo a un nivel excelente. No, no queda apenas un atisbo de los búfalos que tanto gustaron a Michael Stipe hace casi dos décadas.
En un momento en el que la música ya no supone negocio a costa del autor habrá que apresurarse a proteger y reivindicar la labor de artesanos de la música cuyo afán en tallar nuevas joyas es tan difícil de dar continuidad. Se apunta a Grant-Lee Phillips a la moción, por favor.

Allison Moorer - Crows

Una hipotética introspección en la psique de Allison Moorer puede resultar de pesadilla para alguien ajeno a lo que esta cantante de belleza pálida y frágil y voz profundamente serena ha tenido que soportar en su vida. Ya desde la portada de “Crows” se vislumbra un cierto desasosiego y el cuidadísimo libreto que acompaña al disco empieza a certificar los temores. Cuando se acaba la primera escucha se confirma la sospecha: Tormento habemus. No, no se puede decir que la alegría haya predominado en momento alguno por las atmósferas que la compositora ha generado en sus anteriores artefactos sonoros pero en éste ha llevado el ejercicio a un nivel que ha de resultar, cuanto menos, tan catártico como fue aquel “Forever Blue” que Chris Isaak grabara hace quince años.
La tónica general en Moorer marca una querencia por las composiciones en clave menor; así ha resaltado por encima de cualquier alegría mínima a detectar en sus canciones y con “Crows” mencionar a ese Isaak en concreto no es algo gratuito en este caso. Aunque el único tema que parece extraído de un disco suyo sea “Goodbye To The Ground”, hay suficientes puntos en común para invitar al oyente a relacionarlos y aventurarse a adentrarse en las sendas oscuras del disco que nos ocupa.
La transparencia emocional pintada sobre este lienzo raído por el dolor y la angustia que es “Crows” donde no queda ni rastro del sonido más country que marcaba sus primeros pasos es patente. Los fantasmas internos fluyen más como desgarros que como pinceladas en casos como el drama “Just Another Fool” o “the Stars and I (Mama Song)” -en una pieza tan evocadora de las cicatrices vitales de Moorer desde su infancia-. Musicalmente, los coros más dignos de la lírica de Sam Phillips invitan al optimismo hasta que uno se percata de que estamos ante un tema titulado “the Broken Girl”. “Easy In the Summertime” o “When You Wake Up Feeling Bad” siguen demostrando su talento creativo y “Should I Be Concerned” es un canto a la soledad en el que plantea su conveniencia en ciertos momentos. Cuando la única pieza no escrita por ella que aparece en el disco se titula “It’s Gonna Feel Good (When It Stops Hurting)” quedan claros los derroteros por los que se exorcizan los demonios de Moorer, la conveniencia de airearlos y la victoria emocional al superarlos. Los tiempos vitales que se acercan en su vida privada –Steve y ella serán padres aproximadamente para cuando estas líneas sean públicas- lo aconsejaban.
Su escucha no es fácil ni accesible, lo cual aleja a la señora de Earle de la línea acústica simplista y arraigada de, por ejemplo, los últimos trabajos de su pareja o de sus propios inicios. Tras varias escuchas, el frío y crudo invierno cala más hondo pero se le aprecia más. Y es que -como en aquel “Forever Blue”- al dolor de “Crows” se le acaba amando incondicionalmente como parte esencial de uno mismo; eso sí, debemos sentirnos afortunados por poder vivirlo desde la cómoda barrera que supone el testimonio que Allison Moorer deposita en “Crows”.
Ahora sólo falta que se recupere del infortunio de una afección que le obligó a guardar reposo y sin poder cantar, alejándole de la oportunidad de presentar el disco en el show de Letterman el pasado 10 de Febrero y el 13 en el Midnight Ramble que organiza Levon Helm. Si estos dos cualesquiera se han interesado por ella será por algo y es que la puesta en escena de este “Crows” promete ser una experiencia digna de las mejores salas.

Patty Griffin - Downtown Church

Es hora de hablar de Patty Griffin y con ella es difícil ser imparcial. De entrada apetece agradecer su aportación a la música desde estas líneas que sirven para comentar “Downtown Church”, pues sin este disco igualmente sería hora de reivindicar su interesante carrera. El bagaje musical que atesora la hace merecedora de ello y la coloca a la derecha de Emmylou Harris, a medio camino entre la seriedad de la excelsa Lucinda Williams y la accesibilidad de Sheryl Crow.

Como compositora demostró su madurez hace catorce años en “Living With Ghosts”, al arrancarnos el corazón y el alma de dolor con temas como “Every Little Bit” y “Let Him Fly”. Como intérprete, su rol principal en “Downtown Church”, Patty Griffin presenta su mejor grabación con diferencia de la mano de Buddy Miller a la producción y magistralmente hace suyos un puñado de temas ajenos para poner a Dios, el Rock y su voz en lo más alto.

Debes grabar un disco de góspel, a ti te encaja más que a nadie”, pidió la discográfica a Patty, cuya educación desde la infancia estuvo marcada por la religión. Patty replicó con un “Buddy Miller tendría algo que decir al respecto así que si debo hacerlo, que sea con él”. Buddy aceptó. “Me gustaría grabarlo en una bonita iglesia” le espetó Patty, y Buddy hizo de genio de la lámpara. Ella admite que pensaba en una de esas bonitas capillas solitarias en medio de un prado, pero Buddy dio con el marco incomparable de una iglesia presbiteriana del s. XIX en el downtown de Nashville (y es que Buddy Miller es “alguien” allí) para hacer, con sus paredes cargadas de Historia, el envoltorio sonoro perfecto. De la selección inicial de cien composiciones que el productor sugirió a la cantante se recrearon los suficientes para resultar los catorce cortes de “Downtown Church”.

Patty, Mr. Miller, y nueve fantásticas jornadas de grabación en las que la banda a su servicio engranó a la perfección dan que pensar en lo poco que la mayoría de los humanos aprovechamos el tiempo mientras unos pocos, hechos de una pasta especial, paren redondeces como esta. ¿En qué perdíamos el tiempo hace justo un año mientras estos artistas andaban manos a la obra con este gustazo hecho disco?

En “Downtown Church” piezas de marcado rigor góspel como “House Of Gold”,“Wade in the Water” o “Death’s Got A Warrant” marcan la pauta pero no es góspel todo lo que reluce ya que el rock más clásico se abre paso con “Move Up” o la fabulosa “I Smell a Rat” de Leiber&Stoller que nos recuerdan que Griffin lleva en la sangre este veneno que tanto gusta a los que acuden a estas páginas desde hace años. La maravilla, no obstante, llega en forma de dueto con “Little Fire”. Dueto porque, señoras y señores, tengo claro qué debe sonar el día que un servidor expire: Emmylou Harris y Patty Griffin comparten un pedazo de cielo en unos intensos cuatro minutos que no han dejado de sonar desde que fue publicado. En “Waiting For My Child” Patty lleva a su voz el fraseado y manera de cantar del mejor Elvis para engendrar uno de los mejores momentos del álbum –y qué difícil es decir esto en este caso-. Oírle incluso respirar, dejándose la esencia entre palabras en esta versión que ya hizo en su día al lado de Mavis Staples con aquello de “Lord my child is somewhere in some lonely jail Lord with no one there to post his bail, oh Lord...” reconcilia a uno con la vida irremisiblemente. Nuestra protagonista incluso se atreve a cantar en castellano con Raúl Malo un “Vírgen de Guadalupe” tan digno –no olvidemos el contexto en que se mueve esta grabación-.
No, nunca un disco dedicado a Dios habrá tenido tal beneplácito del Ubicuo. Sé de alguien a quien la sonrisa pícara de aprobación le estará brillando porque ella ya lo sabía: Patty Griffin es una jefa.

Rock City Angels - Use Once And Destroy.

Young Man’s Blues era un gran álbum, pero para mí éste es incluso mejor. Lo mejor que he hecho jamás”. Bobby Durango dixit. La sorpresa de este Invierno viene de la mano de “Use Once And Destroy”, la antaño esperadísima segunda entrega de Rock City Angels. Y es que, a pesar de los veinte años de distancia entre aquél y éste, Durango está seguro de haber dado en el clavo con este disco y no importa si será un éxito en ventas o no. Cuando una banda no sólo no se rinde tras dos décadas sino que vuelve de este modo, hay que rendirse a sus pies agradecidos.
Sí, señoras y señores: Rock City Angels han vuelto para quedarse. “Use Once And Destroy” es el título del incendiario retorno de la banda que nunca debió irse. Y, por el tiempo que les ha llevado sacarlo adelante merece la pena darles el beneficio de la duda. ¿Acaso no dimos una oportunidad a “Chinese Democracy” aun a sabiendas de lo que nos esperaba?
OK, estamos en 2010, no en 1991, pero el gustazo es tal como para ir a por una botella de bourbon y brindar porque Rock City Angels suenan como todos esperábamos (si Axl quisiera hacer lo mismo algún día el mundo sería un lugar mejor donde vivir). Aquí no hay experimentación, sino punk rock y alma, mucha alma.
Cada vez que el reproductor vuelve al inicio y arranca de nuevo con “Psychopath” la cosa mejora. ¿Qué más se puede pedir? ¡Son excelentes noticias! En la pasada de vueltas en la que estoy inmerso hay cabida a melodías cercanas a “Y.M.B.” y nuevas que mejoran el sonido de entonces; de paso, nos recuerdan incluso a los Neurotic Outsiders con Duff a la voz (“Psychopath” y “Corrine”) pero lo más reconocible son Iggy Pop & Stooges (“I Got Your Heart”, “Coffee & Cigarettes), Hanoi Rocks (“I Ain’t Miracle Worker”, de lo mejor del disco), o a los Ramones y Social Distortion (“Report Card Day”, “I Keep Fighting”). No obstante, lo mejor es que suenan más a sí mismos que a ninguna otra cosa en el mundo en un disco verdaderamente Rock City Angels. ¿Hay algo más grande que eso? En definitiva, “Y.M.B.” era un gran álbum pero ahora estamos convencidos de que el talento no sólo estuvo allí: sigue intacto y en progreso hacia cotas mayores.
Es hora de celebrar el retorno de Rock City Angels, cruzar los dedos y que consigan montar la gira por nuestros lares tarde o temprano. Será un placer corear con ellos los temas de “Y.M.B.” junto a nuevos y pegadizos estribillos como “I Got Your Heart” o “I Ain’t Your Miracle Worker”.

Neil Young - Dreamin’ Man Live’92

Tras los dos discos junto a Crazy Horse que ejercieron de apertura de década en los 90’s, “Harvest Moon” supuso un nuevo cambio de ritmo en la carrera de Neil Young. Muchos lo ligaron a “Harvest”, otra obra maestra que tuvo lugar dos décadas atrás, y otros lo colocaron por encima justo por eso: la capacidad del canadiense de sonar fresco sin parecer repetitivo, con cuatro lustros más a sus espaldas.
Algo tuvo que significar ese disco para Young cuando dieciocho años después de su edición podemos celebrar la mayoría de edad de “Harvest Moon” al revisitar con “Dreamin’ Man” sus notas en vivo y en solitario, de la manera íntegra, íntima, intensa y mejorada en que Neil las ejecutó en 1992… Previo a que aquel disco hubiera sido publicado. Así es: Con un sonido impecable -en edición al uso dentro de la largamente prometida edición de los Archives que por fin nos alegra la existencia- el capítulo doce perteneciente a las Performance Series nos presenta “Dreamin’ Man” y nos muestra la desnudez de “Harvest Moon” en su bautismo en directo antes de que se conociera su contenido; un ejercicio sobrecogedoramente honesto y sincero.
A lo largo de la puesta de largo que “Dreamin’ Man” supone en 2010, un Neil Young en estado de gracia nos bonifica la existencia unas cuantas veces en la hora que dura el disco. En “Hank to Hendrix”, “Such a Woman” (probablemente mi tema favorito del disco), “War of Man”, o en la pieza que da nombre al disco, el genio desgrana y sublima cada uno de los temas que componen “Harvest Moon”, mejora incluso su secuencia –no hay ni más ni menos, son exactamente las mismas canciones- y suena más cercano si cabe a su concepción original en crudo.
Pensar en que este es solamente uno más de los grandes discos de Young provoca una sonrisa de aprobación: La de miles de bandas que matarían por tener un repertorio del calibre de lo presentado aquí.
La publicación de los Archives del canadiense sólo ha hecho que empezar. “¿Discos recomendables de Neil Young?” Apuntemos otro más y disfrutemos.

jueves, 4 de marzo de 2010

Greg Prato "the Devil On One Shoulder and An Angel On The Other

After having read "The devil on one shoulder..." I can say it's a must not only to a Blind Melon fan.

The style is not new. However, the freshness of the content, the approach to each and every voice of this choral book, the relevance these voices had in the story and success of the band and the way Greg Prato lets them flow have made the book such a remarkable piece of art and the best document of a band I've ever read.

As a fan -not the best by far but totally enchanted by the music and voice, as well by the tragical end both times- I must say that once I read it I needed to do so again (for a person that has studied literature and philology, believe me this is a recognition on the excellent work done).

Now I can say that Summer'09 was the one when I read this book.

You see, in personal terms I'm living one of the best years in my life and Prato's book has helped me feel so.

Really, you may have not heard about Blind Melon and if you dare to read it you'll feel the need to go listen to their music to love them as much as the one in the book. It's the best way to live the band if you were not lucky to be contemporary of their blessed and unfortunate existence.

Great document! I love it.

Thank you Greg for the hard work.