Una hipotética introspección en la psique de Allison Moorer puede resultar de pesadilla para alguien ajeno a lo que esta cantante de belleza pálida y frágil y voz profundamente serena ha tenido que soportar en su vida. Ya desde la portada de “Crows” se vislumbra un cierto desasosiego y el cuidadísimo libreto que acompaña al disco empieza a certificar los temores. Cuando se acaba la primera escucha se confirma la sospecha: Tormento habemus. No, no se puede decir que la alegría haya predominado en momento alguno por las atmósferas que la compositora ha generado en sus anteriores artefactos sonoros pero en éste ha llevado el ejercicio a un nivel que ha de resultar, cuanto menos, tan catártico como fue aquel “Forever Blue” que Chris Isaak grabara hace quince años.La tónica general en Moorer marca una querencia por las composiciones en clave menor; así ha resaltado por encima de cualquier alegría mínima a detectar en sus canciones y con “Crows” mencionar a ese Isaak en concreto no es algo gratuito en este caso. Aunque el único tema que parece extraído de un disco suyo sea “Goodbye To The Ground”, hay suficientes puntos en común para invitar al oyente a relacionarlos y aventurarse a adentrarse en las sendas oscuras del disco que nos ocupa.
La transparencia emocional pintada sobre este lienzo raído por el dolor y la angustia que es “Crows” donde no queda ni rastro del sonido más country que marcaba sus primeros pasos es patente. Los fantasmas internos fluyen más como desgarros que como pinceladas en casos como el drama “Just Another Fool” o “the Stars and I (Mama Song)” -en una pieza tan evocadora de las cicatrices vitales de Moorer desde su infancia-. Musicalmente, los coros más dignos de la lírica de Sam Phillips invitan al optimismo hasta que uno se percata de que estamos ante un tema titulado “the Broken Girl”. “Easy In the Summertime” o “When You Wake Up Feeling Bad” siguen demostrando su talento creativo y “Should I Be Concerned” es un canto a la soledad en el que plantea su conveniencia en ciertos momentos. Cuando la única pieza no escrita por ella que aparece en el disco se titula “It’s Gonna Feel Good (When It Stops Hurting)” quedan claros los derroteros por los que se exorcizan los demonios de Moorer, la conveniencia de airearlos y la victoria emocional al superarlos. Los tiempos vitales que se acercan en su vida privada –Steve y ella serán padres aproximadamente para cuando estas líneas sean públicas- lo aconsejaban.
Su escucha no es fácil ni accesible, lo cual aleja a la señora de Earle de la línea acústica simplista y arraigada de, por ejemplo, los últimos trabajos de su pareja o de sus propios inicios. Tras varias escuchas, el frío y crudo invierno cala más hondo pero se le aprecia más. Y es que -como en aquel “Forever Blue”- al dolor de “Crows” se le acaba amando incondicionalmente como parte esencial de uno mismo; eso sí, debemos sentirnos afortunados por poder vivirlo desde la cómoda barrera que supone el testimonio que Allison Moorer deposita en “Crows”.
Ahora sólo falta que se recupere del infortunio de una afección que le obligó a guardar reposo y sin poder cantar, alejándole de la oportunidad de presentar el disco en el show de Letterman el pasado 10 de Febrero y el 13 en el Midnight Ramble que organiza Levon Helm. Si estos dos cualesquiera se han interesado por ella será por algo y es que la puesta en escena de este “Crows” promete ser una experiencia digna de las mejores salas.
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